Santa Fe está en el centro de un modelo productivo que incluye unos 20 millones de hectáreas de soja que implican 200 millones de litros de glifosato arrojados al año.
La discusión es naturalmente compleja ya que implica posicionamientos políticos respecto a si queremos un país netamente agroexportador, que responda a las exigencias del mercado exterior, o generar un modelo que nos lleve a la independencia económica por medio de la “soberanía alimentaria”.
La UNL y el caso San Jorge
En vistas de las denuncias realizadas por vecinos de San Jorge respecto a los trastornos de salud que sufren como consecuencia del uso de agroquímicos en la zona, la Cámara de Apelaciones de la localidad de San Jorge aplicó un principio precautorio a favor de los vecinos. El mismo solicitaba a la UNL realizar un informe que analizara “el grado de toxicidad” del glifosato y otros agroquímicos.
La primer respuesta de nuestra Universidad fue patearle la pelota al gobierno nacional en lugar de poner grupos de investigación, laboratorios y conocimiento al servicio de la población en este caso, de San Jorge.
Finalmente, el informe presentado por la UNL firmado por Daniel Scacchi (Director Cetri Litoral) y Eduardo Matozo (Secretario de Vinculación Tecnológica) se limitó a recopilar sólo datos técnicos (químicos, ecológicos, biológicos, médicos) sin hacer aportes desde las ciencias sociales que brinden elementos que permitan entender el problema desde una perspectiva social, política, ambiental y económica.
La “falta de postura” de la UNL respecto al glifosato es coherente con el manejo de la Gestión de la misma produciendo y reproduciendo los conocimientos que exigen las empresas , adecuando los planes de estudio a las demandas internacionales y no a las locales, dirigiendo sus investigaciones o trabajos a las necesidades de empresas multinacionales mediante los famosos “servicios a terceros” y padrinazgos de empresas como Monsanto, Cargill, Dreyfus (si nos limitamos a las que explotan el monocultivo soja). Los egresados así, recibimos una formación que nos convierte en sujetos funcionales a un sistema productivo nefasto.
Si estas son las políticas que siguen nuestra facultad y la UNL, entonces no es de extrañar que a la hora de poder aportar como parte del estado a tomar una medida precautoria respecto al glifosato DECIDA NO HACERLO.
Nosotros nos cuestionamos por qué tan rápido se aplicó este modelo de producción, pero tan poco se estudió sus alteraciones ambientales y económicas.
Por todo esto, como integrantes de esta Universidad, nos vemos en la obligación de iniciar un debate amplio e integrador, que busque recuperar la autonomía de las personas en cuanto a la toma de decisiones de formas de vida que desee para su región, porque creemos que ese es el primer y único cambio para lograr las autonomías tanto la nacional como la de todos los países latinoamericanos.
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